Había un angelito.
Era un niño de 7 años que había sanado de una enfermedad milagrosamente.
Un día su hermana contrajo la misma enfermedad.
El niño creía que su hermana sanaría pronto
y que seguramente no sería nada…
Pero escuchó lo que hablaban el doctor y su mamá.
Él dijo que era una enfermedad grave y que ella podía morir.
Su madre se desmayó.
Aunque triste, el niño contuvo las lágrimas y consoló a su madre.
-No llores, mamá. Ella no se morirá.
El niño corrió a la habitación de su hermana.
Le puso en la cabecera el oso de peluche que ella siempre había querido tener.
Y rezó:
-Dios, salva a mi hermana.
Unos días después encontraron una cura.
Hacer una transfusión de sangre del hermanito, ya que había desarrollado la inmunidad cuando había tenido la misma enfermedad.
El doctor le explicó la situación al niño.
-¿Querrías darle tu sangre a tu hermana?
El niño dudó un buen rato y se puso a llorar.
Suspirando, contestó finalmente:
-Sí, así lo haré si eso puede curarla.
El niño se alegró de ver que le volvían los colores a su hermana, pero él se puso pálido.
Un rato después, le preguntó nervioso al doctor:
-¿Voy a morir pronto?
El niño creía que iban a sacarle toda la sangre para dársela a su hermana.
Pero no le importó con tal de salvar a su hermana.
Su valentía fue más potente que todas las medicinas.
fuente
Era un niño de 7 años que había sanado de una enfermedad milagrosamente.
Un día su hermana contrajo la misma enfermedad.
El niño creía que su hermana sanaría pronto
y que seguramente no sería nada…
Pero escuchó lo que hablaban el doctor y su mamá.
Él dijo que era una enfermedad grave y que ella podía morir.
Su madre se desmayó.
Aunque triste, el niño contuvo las lágrimas y consoló a su madre.
-No llores, mamá. Ella no se morirá.
El niño corrió a la habitación de su hermana.
Le puso en la cabecera el oso de peluche que ella siempre había querido tener.
Y rezó:
-Dios, salva a mi hermana.
Unos días después encontraron una cura.
Hacer una transfusión de sangre del hermanito, ya que había desarrollado la inmunidad cuando había tenido la misma enfermedad.
El doctor le explicó la situación al niño.
-¿Querrías darle tu sangre a tu hermana?
El niño dudó un buen rato y se puso a llorar.
Suspirando, contestó finalmente:
-Sí, así lo haré si eso puede curarla.
El niño se alegró de ver que le volvían los colores a su hermana, pero él se puso pálido.
Un rato después, le preguntó nervioso al doctor:
-¿Voy a morir pronto?
El niño creía que iban a sacarle toda la sangre para dársela a su hermana.
Pero no le importó con tal de salvar a su hermana.
Su valentía fue más potente que todas las medicinas.
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